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Entrevista a Carmen Argibay

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Lecciones y Ensayos —¿Qué es el Derecho?
Carmen Argibay —El Derecho es una herramienta que inventaron las personas
para tratar de tener una convivencia en paz, tendiente a la armonía. Depende de
cómo se use, como todos los instrumentos y herramientas humanas, puede ser bien
o mal utilizada para sus fines. Si lo usamos bien, el Derecho es una herramienta
muy útil, como todas las creaciones humanas, tiene sus puntos flacos y débiles, pero
pueden ser perfeccionados; el Derecho puede servir en una determinada época y
también puede servir en otra, porque las sociedades van cambiando, van variando,
el mundo cambia, no estamos en un mundo estático y, por lo tanto, estas herramientas
hay que adaptarlas a las nuevas costumbres. Pero es una herramienta útil
y necesaria.
—¿Por qué eligió estudiar Abogacía?
—Fue bastante difícil para mí porque soy muy estudiosa y además tengo interés
en muchísimas cosas como la Literatura, la Historia, el Derecho e inclusive
la Medicina. No diría que tiré la monedita pero la elección finalmente recayó en
Abogacía. No obstante, los estudiantes suelen decir que eligen esta carrera porque
excluye dentro de su currícula a las matemáticas para las cuales tienen cierta dificultad.
Sin embargo, a mí nunca me costaron y podría decir que tengo bastante
habilidad para ellas al punto de que en determinado momento incluso estuve por
elegir Ingeniería.

Carmen Argibay fue designada Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
a principios del año 2005. En junio de 2001 fue nombrada por la Asamblea General de
la Naciones Unidas como Juez ad litem en el Tribunal Criminal Internacional para la
ex-Yugoslavia y en diciembre de 2000 participó en calidad de Jueza en el Tribunal para
Tokio que juzgo los crímenes de esclavitud sexual, violación y otros crímenes cometidos por
los militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial contra mujeres en los países
victimizados por Japón.
2. La presente entrevista fue realizada y editada por Lautaro Furfaro, Cecilia Hopp y Celeste
Salomé Novelli en fecha 5 de noviembre de 2010. Agradecemos la colaboración de Mauro
Magneschi y Noelia V. Matalone.
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—¿Cómo fue su experiencia como estudiante de la Facultad de Derecho de
la UBA?
—Ingresé en el año 1955 cuando la Facultad estaba en plena reorganización e
intervenida debido a la cúpula militar que gobernaba el país. Era un momento difí-
cil, había una cantidad de problemas cuyo alcance no podía comprender porque era
muy chiquita e ingenua a los dieciséis años. Entré a la Facultad con apenas dieciséis
años, o sea que era una adolescente, muy pequeña, luego de rendir libre el último
año del bachillerato del cual estaba harta. Venía de un colegio de monjas y a ello se
le sumaba el agravante de que estaba adelantada respecto de mis compañeros –que
habían terminado el secundario a los dieciocho– porque nací en el mes de junio, soy
una buena geminiana…(risas).
Encontrarme de golpe con el ambiente de la Facultad implicó para mí descubrir
un mundo totalmente distinto al que conocía que, en aquella época, no favorecía
la relación entre los pares, más o menos de la misma edad, porque no existían los
cursos regulares, ni tampoco había obligación de asistir a clases. De modo que teníamos
que dar los exámenes de forma libre y, en general, entre los estudiantes no
nos veíamos en otras ocasiones con excepción del día en el que se rendía examen.
No había mucha posibilidad de trabar relaciones con los compañeros hasta que
llegaba la etapa de los trabajos prácticos, que sí eran obligatorios y para lo cual se
requería tener por lo menos ocho materias aprobadas, entonces nos juntábamos con
un grupo de compañeros permanentemente entre quienes lográbamos establecer
vínculos de camaradería.
—¿Puede contarnos alguna anécdota que recuerde especialmente?
—Recuerdo una anécdota que fue una de mis primeras incursiones en la noción
de la discriminación por género y de la cual pienso que fue el semillero de
varios de mis impulsos. Había ido a rendir Derecho Internacional Público, que era
una de las primeras materias de la carrera junto a Introducción al Derecho y Derecho
Político. Sólo había una cátedra para dar examen, la de Derecho Internacional
Público que estaba intervenida y el profesor se caracterizaba por no aprobar mujeres
pues estaba convencido que nuestro lugar no estaba en la Facultad sino en la casa.
Hasta ese momento avanzaba satisfactoriamente con la carrera, pero en aquella ocasión
me calificaron con un cuatro, aún cuando fue una de las materias en las que más
estudié. El profesor nos dijo a las mujeres, que nos habíamos presentado al examen,
que no podía reprobarnos porque realmente habíamos estudiado y también porque
el Decano estaba sentado a su lado con lo cual podía ser pasible de alguna sanción
disciplinaria si nos desaprobaba arbitrariamente, pero sí estaba facultado para ponernos
una nota baja. De ésta ingrata experiencia que me ocurrió en la Facultad,
cuando tenía solamente diecisiete años, surgió mi interés por los derechos de las
mujeres y la no discriminación. Esta situación tuvo repercusiones en mi vida, me
movilizó, es decir, me fortalecí con aquél episodio.
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Además, en aquella época realizaba actividades extracurriculares. Estudiaba
idiomas como inglés y francés. Después, más adelante estudié alemán e hice teatro
vocacional, tengo alma de artista (risas). ¡Ante la mirada ajena era bastante en ese
momento para una mujer!

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