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Liliana Ortelín

En esta oportunidad entrevistamos Liliana Ortelín, les presentamos a una empleada histórica que se ha destacado por su respetable carrera judicial.

Lili como la conocemos todos, ingresó en la Sala Penal de la Cámara de Apelaciones del Distrito Judicial Norte, en el año 1994, luego de haber rendido el examen de ingreso correspondiente.

“En ese entones era tanta la cantidad de gente que se había inscripto para hacer el curso de ingreso que nos terminaron convocando a todos en la Casa de Cultura de Rio Grande”, recordó.

“Hicimos un breve curso de ingreso que nos habilitaba a rendir los dos exámenes que estaban pautados. Al primer examen me lo había tomado el Doctor Tenaillon en la Casa de la Cultura, mientras que el segundo examen lo rendimos en una escuela de Rio Grande, ya que habíamos quedado la mitad  de los que se habían presentado en una primera instancia”, precisó.

Al preguntarle sobre su procedencia laboral, previo a su ingreso a la institución, Lili hizo referencia a su trabajo como secretaria en una empresa petrolera en Buenos Aires. “En esas épocas a mi marido le había salido un trabajo en Rio Grande, por lo que me vi obligada a trasladarme a este destino. De manera inmediata busqué insertarme laboralmente y cuando salió la convocatoria para entrar al Poder Judicial, me acuerdo que me dije a mi misma: yo voy a entrar”.

En ese mismo pasaje de la entrevista, Ortelín remarcó que cuando ingresó a la Institución tenía 39 años y no contaba con experiencia laboral alguna en ámbito judicial. “Era un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada por lo que los desafíos enfrentados eran aún mayores”, esgrimió.

Para citar un ejemplo de los retos enfrentados, contó que “en ese entonces cuando los jueces me dictaban las sentencias para que yo las escribiera, me pedían muchas veces que les busque algún que otro sinónimo a las calificación legales que habían determinado y como yo desconocía gran parte de la terminología jurídica esgrimía algún que otro término que distaba mucho de ser sinónimo del vocablo citado”.

A modo de balance, la entrevistada enunció que su carrera judicial “fue una experiencia hermosa” y agregó “trabajé con gente extremadamente valiosa, por demás solidaria y que al ser pocos todos colaboramos con todo”.

Ortelín se refirió también al primer espacio laboral: “Al principio trabajamos en un espacio minúsculo del ex Campamento YPF, después se agrandó el edificio y llegó a ser lo que es hoy”, explicó.

Hacia el final de la entrevista, la empleada histórica rememoró una anécdota valiosa para ella y que aún conserva intacta.

“Antes de viajar a Buenos Aires, me habían llamado del Juzgado de Instrucción de Primera Instancia para pedirme un favor enorme: entregarle el cuerpo de un bebé a los peritos forenses de la Corte. Así que lo tuve que llevar en un caja y al momento de embarcar les expliqué a las azafatas que me habían designado  para trasladar el cuerpo del prematuro, a lo que ellas reaccionaron con grandes carcajadas”.

“Anécdota que sin dudas retrata el espíritu de una época”, concluyó Ortelín.